miércoles, diciembre 19, 2007

Yendo hacia lo más frío


Hay veces que uno jura mil y una veces que no volverá a hacer algo, que no volverá a cometer los mismos errores, que no tropezará con la misma piedra; pero el destino o no sé qué caprichosa y testaruda cosa hace que uno siga y siga en lo mismo. Seguramente al leer esto cualquiera ya se dará cuenta a qué me estoy refiriendo, pero es que es realmente tan difícil de entender cómo, a primera vista, uno puede ser tan huevón de seguir en los mismos vicios y errores de siempre. Pero luego de meditarlo un poco, y de darle unas cuantas vueltas en mi cabeza desierta de ideas (el período de vacaciones lo justifica), he elaborado ciertas hipótesis y he sacado algunas conclusiones que expongo a continuación:

Antes de cualquier cosa, diré que este caso particularmente me estoy lamentando por un crimen que aún ni siquiera he cometido, poniéndome el parche antes de la herida. Claro, sucede que en casos así, naturalmente uno quiere impedir a toda costa que esos mismos errores del pasado -de los que hablé algo más atrás- afloren nuevamente, pero ve al mismo tiempo cómo va sucediendo todo y se da cuenta de que es exactamente o casi igual a cómo ha sucedido varias veces ya. Es algo realmente difícil de llevar: uno se empecina en evitar el error, pero todos los caminos conducen a él; la misma personalidad lo traiciona a uno en sus afanes, y al final de todo la convicción de un comienzo va dando paso a los impulsos que se van manifestando, primero, tímidamente (como por ejemplo, en este escrito), y luego, cuando ya no se puede volver atrás, no queda otra ya que largarlo todo.

Como dice una canción de Saiko -si no me equivoco- “aprendo del error”: ¡naturalmente! Luego de tantos cagazos uno terminará por aprender que uno es bastante previsible –a ojos de uno mismo, claro- en cuanto a reacciones frente a determinadas circunstancias, y cuando finalmente se llega a estas instancias de saber cómo funcionan los mecanismos de uno, cuando uno se termina de conocer, me parece que ya queda nada más que desistir en intentar de actuar y moldearse para cada mina, aceptar y resignarse a que lo que hay de uno mismo “es lo que hay nomás” y esperar a que alguno de esos tantos intentos fallidos no lo sea al fin, que el anteriormente llamado error deje de serlo y que el ser como somos sea la manera correcta de ser, aunque sea para una persona.

Puede sonar a que “alguna de todas tiene que funcionar”, pero no quiere decir a que se vaya a ir por la vida -como se diría en jerga futbolera- “pegándole a todo lo que se mueve”, sino que establecer un patrón de conducta (el de ser uno mismo) que, incluso por una cosa de estadística y probabilidades, en algún momento va a funcionar. Y bueno, si se quiere ir a los romanticismos habría que decir: “la clave está en ser uno mismo”, pero si uno ya está aburrido de los clichés y quiere ser algo más frío, es recomendable la opción anterior, la matemática: entre tantos intentos fallidos, uno deberá resultar.

domingo, octubre 14, 2007

Aluvión de noche sabatina

Cada vez que estoy en sequía de escritos abro el Word para intentar conseguir algo medianamente interesante, pero siempre me queda la impresión luego de unas tres líneas de que no creo que a mucha gente le interese leer los problemas existenciales de un pendejo, o joven u hombre de 18 años. Un tipo que no sabe aún con certeza para dónde le va la micro, que estudia poco y nada, que gusta de una chica y no osa a jugársela, que dice tener amistades que ve poco y nada, que almuerza solo en el patio los viernes, que llega atrasado a todas las clases o que se tira los pelos al ver un problema de Intro.

Llevo contadas siete líneas (en Word) y me he decidido a seguir con esto, para ver qué sale. Me acuerdo que la última vez que escribí salió lo que, a mi juicio (y el de varios) ha sido el mejor ensayo que he puesto acá: el de Débora y mi contemplarla durante media hora. Esa vez fue de improviso, fue inspiración real, fue una cosa de querer llegar pronto a casa, agarrar el notebook y teclear. Esos son los elementos que se necesitan para lograr un escrito rico: inspiración, ganas de escribir. Pero últimamente este rinconcito especial mío en la web, además de verse sobrepasado por la simpleza del Fotolog (que, pese a lo banal que parezca me permite mostrar otra faceta mía), no ha tenido alimento pues no ha habido ninguno de los elementos anteriores. Inspiración ninguna. Las cosas que han sucedido no son para querer tener unas ganas locas de escribir y expresarlas al mundo, y al fin y al cabo son las mismas de siempre, y como alguien me dijo una vez por ahí, se pueden encontrar acá, o en cualquier blog de una persona de mi edad, o incluso menor. Sobre las ganas de escribir, no me han faltado a decir verdad, pero como comentaba en el primer párrafo, la cosa va por una inseguridad enfermiza de origen desconocido de no saber para qué (o quién) escribo.

Supongo que me falta atención, ya que también se ha tornado una cosa patológica el revisar unas 10 veces al día el Fotolog cuando subo alguna nueva fotografía en busca de nuevos posts; similar cosa con esto, cuando escribo algo nuevo. No sé si me llena el saber que me leen o miran mis fotos, o el que me conozcan, o el que me dejen mensajes, realmente no lo sé. Siempre he aparentado y he intentado reflejar a ratos una imagen de autosuficiencia, pero creo que muchas veces también me pasa la cuenta, y es así cuando hay bajones bastante profundos, de pensar lo justo y necesario, acostarse y cerrar los ojos y esperar a que pase. Y pasa, por suerte, si no no sé qué sería de mí.

Me inquieta pensar en la gente a mi alrededor, el que me importe tanto la que no me debería importar. De cómo habla tal tipo, cómo se viste, con quién se junta, etcétera. Me inquieta no confiar en exceso como el resto, el no socializar como algunos otros lo hacen. También me apena mirar a mi lado y ver lejos a gente que creía que estaría más cerca. Me confunde que mi vida a veces esté ligada de sobremanera a un ordenador, a un grupo de nicknames que sueltan frases. Interesantes frases, pero virtuales. Podrían ser reales pero también me pasa la cuenta mi ser antisocial.

A estas alturas del escrito puedo parecer el tipo más depresivo del mundo, pero no me convenceré de ello. Aún espero el providencial evento que me sacará del letargo. Sigo expectante. Quizás demasiado estático, pero seguiré esperando.

Fotografía: "Noche". Torre Coraceros, Viña del Mar. 7 de Febrero de 2007, por Diego Cordero.

viernes, agosto 17, 2007

He aquí un sueño

Ayer, al llegar de clases me senté a ver televisión, en ese típico rato que transcurre en que uno no quiere hacer nada luego de la U. Entonces me encontré con esto.

El título de esta entrada dice "He aquí un sueño". Sueño circunstancial, entiéndase. Salir del letargo, de la nada, a cantar. La gente semihipnotizada por una canción hermosa. Un baile de todos con todos...

Es una canción de amor, paradójicamente, cuando más lejos se está de eso, personalmente.
Aún así, la melodia cautiva, y con mayor fuerza el vídeo.

Saludos.

Travis
Closer
The Boy With No Name (2007)


sábado, junio 30, 2007

La galería y yo

Ayer, sin nada que hacer, me senté a contemplar lo que creo es poesía hecha mujer. Hay tantas “galerías de arte itinerantes” realmente que circulan por las calles y que uno ve a diario, es decir, que sólo logra captar por un segundo; pero son contadas las veces que uno tiene a la oportunidad de darse el tiempo y sentarse a contemplar y admirar, cual obra de arte en una exposición, a una mujer.


Yo sentado, fumando el último cigarrillo de la cajetilla y ella a dos metros de mí, sola en un frío día de niebla. Para que la postal fuera perfecta, como siempre el pendrive con la canción adecuada, y comencé a mirar y distinguir en ella cada detalle que fuera posible luego verbalizar por medio de estas líneas. Que me excuse de antemano por utilizarla como musa inspiradora sin su consentimiento, pero, en vista y considerando que hace un buen tiempo que no me daba el rato para elaborar un buen escrito, la ocasión era perfecta para actualizar este asunto y de paso, homenajear a su ser mujer.


La verdad es que el cuaderno que saqué luego para hacer como que estudiaba sólo fue una excusa para permanecer ahí maravillándome de ella, para no sentirme acaso un tonto sentado en el frío haciendo nada.


Hojeaba, algo en serio, el cuaderno; mientras ella hacía lo propio con un libro. Me sorprendió, particularmente, su soledad. Tan ínfima ella ahí, tan dejada a un lado. Probablemente esperó a alguien que nunca llegó, aunque también pudo buscar esa soledad. Soledad algo inexplicable, pues con su atractivo innato era bastante extraño que no tuviera a un chico por lo menos al lado de ella. Bueno, a decir verdad, sí lo había. Era yo.


Acabé de fumar mi cigarro y al cabo de un rato ella encendió uno. Era avanzar a un nuevo cuadro de la exposición, pero de un mismo artista: el perfil que uno podía apreciar en ella había cambiado diametralmente. Ahora ella fumaba, y por un razón que sí comprendo, pero que no sé explicar, se hacía aún más atractiva, aún más mujer. Su apariencia inocente de estudiante a la deriva se esfumaba por ese solo detalle: el cigarro.


Luego, al verla fumando di cuenta de que mi propia cajetilla estaba vacía. Fui a por otra y volví a la exposición. La excusa del cuaderno se me estaba haciendo algo ridícula e infantil, por lo que abrí la cajetilla y encendí otro cigarrillo. Era el tercero del día, y el segundo en 15 minutos, pero 10 minutos menos de vida valían por seguir inmerso otros 5 en aquella galería.


Al rato llegó un par de compañeros, una pequeña charla y llegaba la hora de irse. Ellos marcharon y yo me quedé terminando de botar humo. Providencialmente, me habíam sido otorgados 5 minutos más para contemplar, esta vez, sin excusas: el problema del cierre de la mochila era real, así que estuve otro tiempo ocupándome de eso mientras soltaba vistazos furtivos a su figura que había vuelto a la de la chica inocente, sin el cigarro.


Acomodé una silla de su mesa y partí, sin haberme atrevido a decirle: “Hola, tú te llamas (…), ¿verdad? Mándale saludos a tu hermana de parte de Diego”.

Si llegases a leer esto: excúsame por plasmarte acá y deja darte las gracias por tu compañía ausente. Yo era el chico de la chaqueta azul, el mismo entumido de frío. El que te vio estudiar y fumar ese frío viernes 29.

viernes, mayo 11, 2007

Environment

Me declaro un ser influenciable. Declaro dar, finalmente, cuenta de la imposibilidad del ser humano de vivir para sí mismo; de ser hermético, impertérrito, incorruptible. Hay tanto a lo que nos vemos expuestos y, por lo tanto, afectos, que sencillamente resulta iluso creer en una vida eternamente reflexiva e introvertida.

Yo lo creía, pero, con el transcurrir del tiempo no he podido evitar percibir los involuntarios golpeteos y sacudidas que me provoca un buen tema que me trasmite energía (como "Better" de Regina Spektor); las imágenes de película que concurren a mi mente ante la postal de un frío y hermoso día otoñal; o ese peso que de un momento a otro cargo (y que es capaz de derrumbarme todo el día) luego de que "esa" chica ni siquiera me mirara luego de pasar por su lado.

Sonido, ambiente, la chica. Nada realmente físico, nada del otro mundo; pero esas influencias, a su vez, son de cada uno. Contradictorio, ¿no? ¿Uno mismo o también el resto?

Conclusión: cada uno forja su propio "sistema de influencias". Desde luego, somos distintamente propensos frente a una misma situación.


Tenemos
todo y nada en común a la vez.

martes, mayo 08, 2007

Otro vídeo...

Hola a todos!

La verdad he andado casi sin tiempo y tampoco ánimo para darle vida a esta cosa: mi vida va como un sinusoide (aplicando léxico algebraico universitario xD!), es decir, oscilando: de arriba a abajo constantemente.

Para hacer de especie de "intermedio" entre el último escrito y el que espero poder desarrollar de aquí a un poco tiempo más (ojalá), dejo el vídeo de una canción que me ha tenido re pegado este último tiempo, y no sólo por la música, sino que también (y más incluso) por el vídeo en sí.

La verdad es que lo vi y quedé sin palabras. Pocas veces había quedado tan extasiado a tal nivel ante una figura femenina que, simplemente, para mí, es insuperable.

Contemplen hombres (y mujeres si quieren, también) a la musa máxima, a ese abdomen perfecto (y eso que tiene un hijo) y esa figura girando y girando que en cada vuelta me deja sin aliento: la fina morena Lorena Capetillo y el vídeo de De Saloon para su tema "Abrázame", segundo single del disco del mismo nombre.

Saludos lectores, ojalá pronto hayan novedades por acá.
Por mientras, mi recién abierto Fotolog: www.fotolog.com/the_coldplayer77

De Saloon
Abrázame
Abrázame (2007)

sábado, marzo 10, 2007

Pensares y sentires


Quisiera, desde este humilde sitio, hacer un llamado a todas y cada una de las personas que contribuyen (contribuímos) a hacer que toda frase, toda palabra haya ido perdiendo su esencia; su contenido. Cada vez uno se topa con más discursos vacíos, sin contenido real, sin aplicación a la práctica; con palabras al viento que distan mucho de lo que realmente acontece. Motivos habrán, en demasía, para divulgar palabras a diestra y siniestra pero en el fondo, y a pesar de muchos, no se mide ni se toma en cuenta que lo indiscriminadamente dicho sufre una suerte de "difamación": así es, las palabras cada vez son menos tomadas en cuenta y cuesta mucho que a lo que uno dice se le dé un total crédito.

Por ejemplo, el famoso "te quiero". Y claro, suena muy lindo. Pero, ¿es real? Muchas veces yo mismo me lo he preguntado. Como puse más arriba, me pasa muchas veces, lamentablemente, que lo digo y lo digo pero no mido realmente el peso de la famosa fracesita. Y quiero llegar al siguiente punto: el cuestionamiento viene, el primer término, de uno mismo. Pero el otro también cuestiona, y eso acarrea dos cosas: primero, la ya mencionada "difamación" de la frase, y por otra parte, la pérdida de la credibilidad en la persona que lo dice. Como se puede apreciar, el daño que se causa "salta para todos lados".

¿Acaso uno tiene miedo de que no le sigan queriendo? ¿Acaso uno tiene tantos problemas que, al decir "te quiero" a cualquier persona, busca en cada de ellas una retribución para sentirse querido? ¿Acaso uno cree que con eso "liga" más fácilmente?


Ahora, la idea tampoco es que "la razón domine al corazón": si se cree que se siente algo, confiar en eso y expresarlo; pero de la misma manera unas cuantas vueltas también hay que darle (por experiencia propia). Lástima que esta responsabilidad que hay que tener muchas veces reprima a la gente, y queden tantos pensamientos y sentires sin saberse.


Por lo tanto, el mensaje para la posteridad: hágalo siempre responsablemente.


Creo que me sonó a advertencia de bebida alcohólica...



martes, febrero 06, 2007

Una joyita...

Hola a todos!

Bueno, un tiempo hace ya que esto está sin mucha novedad, salvo el anuncio del blog nuevo, pero les cuento que estoy trabajando en algo y espero que salga pronto, porque yo mismo me entro a desesperar cuando veo que esto está tan descuidado.

Por mientras los dejo con un video de mi absoluta devoción, y que hace mucho buscaba y no lo podía encontrar por asuntos de copyright en YouTube y cosas así.

Es la presentación de mi banda favorita, Muse, en los MTV Europe Music Awards del 2006 en Copenhague, Dinamarca.

Nótese la aparición de los lásers, el ambiente, y la atmósfera que se crea.

La resolución no es de lo mejor, pero qué va.

Pronto un nuevo escrito, saludos.

Edit: A causa de que removieron el video (una vez más) por motivos de copyright, pongo otro que también es joyita.

Tema inédito de Moby, desprendido de su disco de grandes éxitos "Go: The Very Best Of Moby", y con la participación especial de Debbie Harry, de Blondie.

"New York, New York".

Disfruten.

miércoles, enero 17, 2007

Nuevo blog

Junto a un buen amigo hemos inaugurado un nuevo blog de contingencia, en el que podrán apreciar mi faceta más periodística, para escapar de la cursilería que puedan hallar por acá.

"Es lo que hay" se titula, y el link es el siguiente:

http://adosplumas.blogspot.com/

Échenle un vistazo.

Saludos.

domingo, noviembre 26, 2006

Epílogo y Prólogo


En estos días de finales de etapas y comienzos de otras nuevas, cuando llega la hora de pensar en el futuro; a menudo uno recuerda su infancia, y la de muchos con los sueños de bomberos, policías, astronautas o presidentes de la República. También muchos deben haberse imaginado científicos, entre los que yo no estaba, precisamente. Pero ahora que lo pienso bien, qué bueno que sería. Claro, no habría cosa más maravillosa que romper cualquier límite, desafiar las leyes de gravedad, del espacio, del tiempo. Y si lo pienso aún más específicamente, manipular el tiempo sería la cosa más maravillosa que podría suceder: detenerlo, avanzarlo, retrocederlo. Muchos querrán saber qué pasará con sus vidas en unos años años más, si acaso saldrán de la cotidianeidad o si se hundirán más en la miseria y en la invariable vida que llevan, así como ésa que llevan también muchos más. Así también, retroceder el tiempo, enmendar errores, cambiar el transcurso de la historia, pensar que "si no hubiera sido por...", las cosas serían diferentes y el presente sería mucho más color arcoiris que lo grisáceo que se contempla ahora, para muchos.

Detener el tiempo. Quizá viéndolo así a primera impresión, la utilidad no sería más trascendente
que algunas jugarretas de niños queriendo hacer cosas que otros no puedan ver. Pero si lo llevamos a un plano más "maduro", su real utilidad llegaría luego de haber pasado antes por las dos etapas anteriores, esto es, haber retrocedido y/o haber adelantado los acontecimientos a su curso normal. Y si soy más minucioso aún, yo me remitiría a sólo retroceder. Cuando volvieses atrás te darías cuenta de que, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo perfecto, todo lo feliz que eras, toda la armonía de tu vida se ha evaporado. Y es ahí cuando optarías por, o llegar al momento en que la armonía se vio quebrada, para no provocar ese quiebre; o por detener el tiempo y aprovechar cada momento, exprimirlo, saborearlo, sentirlo por todo tu cuerpo y darte al máximo.

Ahora piensa y respóndete a ti mismo: ¿cuál de las dos opciones anteriores tomarías? Estoy casi seguro que dices que la primera porque, claro, a cualquiera le gustaría tener su vida en una perfección absoluta, con todo y todos los que quisiera a todo momento. Bien, piénsalo nuevamente y esta vez considera lo siguiente: el hombre aún no es capaz (y quizá nunca lo sea) de manejar el tiempo a su antojo, por lo tanto, ninguna de las dos es técnicamente posible; pero hay una que es más cercana. Sí, la segunda precisamente.

Me han venido con cosas de "mala fama", me han juzgado por actos de hace un par de años (como dije en el escrito anterior, era otra persona prácticamente), me han casi insultado y aún así no me arrepiento de lo que pude haber hecho. Claro, gané "mala fama", pero a cambio obtuve muchos ratos agradables con cada nueva experiencia que iba sucediendo; no todo es gratuito, obviamente. Y si se ponen las cosas en una balanza se lograría un equilibrio. A todo lo "malo" hay que verle algo "bueno".


A estas alturas del escrito, a mí mismo me suena a cursilería barata. Por el contenido, por el modo de escribir (lo de dirigirme a cada persona particularmente). Pero qué va, a estas alturas que se vaya todo al carajo. Que piensen lo que quieran.
Mucho más no tengo que perder. Porque, cuando hace un mes creía que el fin de mi etapa escolar iba a ser perfecto, en un par de semanas todo se fue literalmente a la mierda: personas que tenía en un sitial se me cayeron de ahí, otras se dieron vuelta la chaqueta y salieron con un lado insospechado. En resumen, los esquemas se derrumbaron por completo.

Pero asimismo, "A todo lo "malo" hay que verle algo 'bueno' ". Estoy descubriendo gente fabulosa, así como estoy forjando las verdaderas relaciones que tendré aseguradas para mi vida. Esa gente "nueva" tiene nombres: la Ely, Tamara (y otras virtuales, como la CamiL). Y las relaciones consolidadas: Kco, Pablo, Geofrey, Cristian, y otras que se me quedan en el tintero. A todos ustedes, y como diría el capo Cerati (ya homenajeado por mí), y de corazón:

GRACIAS TOTALES!

viernes, octubre 20, 2006

Aquello de la unicidad

Muy lindo lo de anoche. Una conversación improvisada, y son precisamente ésas las que suelen ser más valiosas.

La verdad nunca creí que diera la impresión que busco dar en tal magnitud, que la gente percibiera en mí cosas que ni yo sé que poseo, que vea una evolución a tal escala de poder hallar casi dos personalidades distintas en mí desde un par de años atrás hasta del día de hoy. Por ejemplo, esa ternura que dos personas me dijeron ayer que tengo, no pudo ser argumentada con hechos concretos (pese a que una de esas personas me dijo que se me notaba en la mirada), sino que sólo se percibe a través de mi presencia: es muy grato y satisfactorio saber que uno logra irradiar sensaciones y mejor aún inconscientemente, es decir, de por sí eso es inherente y para mí, al menos, tiene un valor infinitamente superior a alguien que busca causarlo.

Como le dije ayer a la "miss", y como también cierta gente que me ha ido conociendo sabe, esta persona que soy ahora, el Diego que ven y oyen cada día se ha ido forjando poco a poco y fundamentalmente con un afán: el de la "unicidad". Esta palabrita se me hecho muy recurrente a la hora de describir mi forma de ser, y es que he buscado que en cada cosa sensible que provenga de mí se pueda hallar un rastro que indique que soy yo quien está hablando, escribiendo, cantando, etc.: mi modo de hablar, con ese acento extraño y algo siútico, quizá; mis palabras algo rebuscadas o mi perorata agobiante intentan marcar diferencias, dejar huellas; similar cosa ocurre con cierta desfachatez que me han dicho que tengo al momento de decir cosas que a un mortal cualquiera le provocarían aterración, y que a mí ni siquiera me despeinan. Quizá este último caso puede verse como algo negativo para el resto, pero a mí me ha servido como cierto ejercicio que me ha ayudado mucho a constituir quien soy ahora: me ha otorgado seguridad y he aprendido a no aterrorizarme ante un panorama adverso, sino que conservar la calma, no sonrojarme y tratar de resolver la situación como se debe, algo así como causar problemas para resolverlos uno mismo (inténtenlo, verán que sirve).

De paso, muchas gracias a aquellos que denotan en mí lo que pretendo mostrar, pues no saben lo gratificante qué se siente cumplir con las expectativas de uno mismo.


Yo y mi unicidad...

jueves, octubre 12, 2006

Inscripciones XXXVIII Festival del Cantar Estudiantil LPSA


Presto mi espacio esta vez para ayudar a la causa de mi Liceo, con la promoción de su Festival del Cantar Estudiantil; y más particularmente ayudando a mi amigo y compañero Andrés Vargas, presidente del CCAA del Liceo San Antonio.

XXXVIII Festival del Cantar Estudiantil LPSA (10 y 11 de Noviembre)

INSCRIPCIONES: 17, 18 y 19 de Octubre EN LAS MESAS DE CONTROL QUE SE DISPONDRÁN EN EL ESTABLECIMIENTO DESDE LAS 16:30 A 20:30 horas.

GÉNEROS:

- INTERNACIONAL
- ORIGINAL
- FOLCLÓRICO (Nacional y Latinoamericano)

PRESELECCIÓN: La selección se realizará los días 20 y 21 de Octubre, en los siguientes horarios:

1. FOLKLÓRICO Viernes 20: 17:00 a 18:30 hrs.
2. ORIGINAL Viernes 20: 20:18:30 a término
3. INTERNACIONAL Sábado 21: 12:30 a 16:00 hrs. y desde las 16:30 hrs. en adelante.


DESCARGAR BASES: http://caalpsa.awardspace.com/festival/bases.doc

PARA MÁS INFORMACIONES O CONSULTAS:

CAALPSA@GMAIL.COM
WWW.CAALPSA.TK

martes, octubre 03, 2006

Más de mi "música rara"

Un mes sin novedades y me siento ya casi patológicamente culpable por tener este sitio, aparententemente, olvidado. No es así. Pasa que no es observable, por supuesto, pero al menos yo lo visito a diario a ver si hay algún nuevo comentario o uno prometido en especial que me deben (sí señorita Espíndola, a usted va. Aún espero).
Hoy nuevamente no escribiré en extenso. Me hallo en un momento de relativa estabilidad emocional, me está yendo también bien en lo académico y de cierta manera me extraña una "falta de problemas". Pero, por si hubiera ahí algún fan de mis escritos, le digo que pronto se viene algo; sólo debo darme el tiempo y mentalizarme, cosa que no he podido hacer en este mes.

Vamos al grano...

"Más de mi música rara"... así es. Hace un mes y algo más les presentaba un poco de mis gustos musicales de bajo perfil, con Muse y el tema Stockholm Syndrome (ahora ya no tanto: la banda tiene dos tracks circulando en Rock and Pop, lo que me tiene contentísimo); y esta vez toca el turno de una banda que, a mi parecer, en este lado del planeta somos pocos los que tenemos la suerte de conocerla.

Su nombre es The Arcade Fire, provenientes de Montreal, Canadá. Una banda excesivamente peculiar, dotada de gran talento, mucha gente y una gran orquesta, además de una enorme dosis de teatralidad, como verán en el video a continuación.

Conocerán lo sublime, quizás no en esta obra de arte, pero de seguro lo harán si se animan a averiguar más sobre estos canadienses y explorar por sus sonidos de sentimientos y pasiones.

Les dejo de paso un par de enlaces de Súper 45 (sitio de música independiente, abajo en mi links), que corresponde a un artículo sobre lo que les hablaba algo más arriba: la sublimidad.

Columna sobre el disco "Funeral" de The Arcade Fire
Crítica del disco "Funeral" de The Arcade Fire

Ahora sí, sin más preámbulos (creo que todos modos escribí más de lo presupuestado):

The Arcade Fire, Neighborhood #2 (Laika)

Disfruten.

viernes, septiembre 01, 2006

Que el tiempo diga


"A Rush of Blood to the Head" es el nombre del segundo disco de Coldplay, una de mis bandas favoritas, de hecho, mi nick lo denota. Ese compacto está dentro de los favoritos de mi discoteca. Para el que no lo sepa, su traducción literal a la lengua castellana es "Una ráfaga de sangre a la cabeza" (...) Una ráfaga... a la cabeza... claro, algo así me pasó más o menos el martes al hallarla, inesperadamente, a mi lado. Vale precisar, por supuesto, la diferencia: esta vez no era una ráfaga de sangre, precisamente, sino más bien de ideas, ocurrencias, hipótesis, ficciones y cosas por el estilo.
Desde hace un tiempo esta chica ya me atraía en esencia, con su ser, y principalmente, con su mirada siempre insatisfecha. Rasgos finos, una elegancia desbordante: mucho más de ella desde ahí no podía decir.
Humanista, pero de las reales: mi primer acercamiento hacia ella, pese a haber sido indirecto, fue al verla en blanco y negro, lista para su performance de mimo. Pasó fugaz y me percaté de su marcha. No pude ver su acto, no nos dejaban, así que estaba en el pabellón que hacía de camarines en esa ocasión de la "gala" artística, en la que ya habíamos salido con mi curso a escena. Como decía, estaba en el pabellón, conversando con un compañero y un par de profesores cuando la mimo pasó y se me ocurrió preguntar a uno de los docentes (de cierta confianza) por ella, más específicamente, por su nombre: me quedó grabado, y el de su amiga, hasta el día de nuestro primer encuentro directo.

Unos meses ya han pasado de esa ocasión. Muchas cosas han sucedido, historias van concluyendo, de modo que va al caso comenzar a escribir otras nuevas. Así es como surgió ésta, en cierto modo inesperada, en cuanto a lo que me ha deparado pese a su reciente comienzo y de la manera en que ha iniciado; aunque yo veía, de manera cierta, que inminentemente iba a darse.

Tarde de martes, tomaba el bus que me lleva a mi hogar. Estaba a medio llenar, y como varios subieron tras mí, me senté en el asiento de la ventana de dos libres que habían y esperé a que el bus iniciara su marcha. Otros que subieron tras mí siguieron su marcha hacia asientos posteriores y entre ésos la divisé, ya muy cerca: podría decir que en cierto momento dudó de sentarse a mi lado, pero luego con seguridad lo hizo. El último de los tipos del Liceo que subió en el paradero pasó repartiendo los boletos a sus compañeros de institución: me dio dos a mí, el mío y el de ella. Se lo entregué, respondió un escueto "gracias" y ahí comenzaba la nueva historia: una atmósfera de inconclusión quedó en el aire; una sonrisa mía y un gesto en su cara denotaban tal estado. La oportunidad de escribir la primera línea estaba, pero no la tomé: no fui capaz de dirigirle palabra alguna, y como bien me conozco, opté por resignarme, me acomodé los audífonos (una vez más conmigo, como siempre) y encendí el tema de turno. De todos modos, pude no haberle hablado, pero no significaba que nada haría, pues tenía claro que una oportunidad como ésa, con esa "atmósfera" especial no se daría nuevamente, así que recordé una anécdota de un buen compañero y pensé todo el trayecto hasta nuestra bajada en qué escribirle en un papel, en primer término, para entablar al menos una conversación escrita. La idea original dio paso a una más simple, también extraída de una anécdota, esta vez, de una compañera: mi correo en un papel. Así lo hice. Lo tomó de inmediato, y me bajé del bus pensando en mi acción algo impulsiva, de la que estaba seguro que no me arrepentiría. Luego de una tarde eterna de espera me resigné a no ver aparecer la ventanita de Messenger que indica cuando alguien te agrega: saqué millones de conclusiones pero no quise dar mayor validez a ninguna sin antes esperar su reacción.

Miércoles rarísimo. Llegué muy urgido, casi sin quererla ver. De algún modo una de mis conclusiones prevalecía, la de su desinterés, y no sabía con qué cara enfrentarme a ella. A medida que pasaba el día mi conclusión se pulverizaba: me seguía con la vista a cada momento buscando la ocasión de romper el silencio casi eterno. El final de ese extraño día llegó con su mirada y sonrisa atrayente, para luego no divisarla hasta ayer.

Jueves de decisiones. Temía que mi falta de valor pudiera haber disipado su interés, lo que para mi agrado, no aconteció. Iba decidido a ese día sacarme toda la timidez o cualquier reparo que tuviera para acercarme de una vez y ver qué reacción le había causado lo del martes. Una conversación de ella con mi madrina fue el medio perfecto para ir a cumplir mi objetivo: quedamos en irnos juntos. A la salida, bajo una torrencial lluvia, se dio la ocasión anhelada hacía mucho, al menos por mí. La cita superó mis expectativas con creces: su seriedad, sus metas, su seguridad y su facilidad de expresarse la hicieron perfecta. Con la lluvia sobre nuestras cabezas nos separamos en su casa del pasaje Silvia, así como hoy: un día calcado al de ayer, exceptuando por la lluvia, claro.

Más arriba decía: "me bajé del bus pensando en mi acción algo impulsiva, de la que estaba seguro que no me arrepentiría". Con respecto al arrepentimiento siempre le he tenido una frase: "El tiempo dirá", pero últimamente la he visto con algo resquemor, porque no me ha favorecido, sin embargo, esta nueva historia ha comenzado a la perfección, y así como ha tenido un buen comienzo, ojalá tenga un buen desarrollo, un gran clímax y un aún mejor desenlace. Que esta vez, para bien, el tiempo diga.

miércoles, agosto 23, 2006

A propósito de la Melomanía...

Esta vez no escribiré en extenso, sólo quiero decir: mira el video, oye, siente y alucina.
Les presento a mi banda favorita: Muse.
Trío británico conformado por Matt Bellamy (el de la voz monstruosa y la guitarra), Dominic Howard (en la batería) y Chris Wolstenholme (bajo y coros). Más info acá.
Y si les gusta, me ubican por acá.
Enjoy.

martes, agosto 15, 2006

Melomanía


Hoy se fue mi prima de Rancagua. Muchos han oído hablar de ella, ya que es muy linda,
finalista de Miss 17, Miss Rancagua, etcétera. Pero eso no va al caso. En la mañana con su voz angelical (y por qué no decirlo, algo frívola también) me pidió unos audífonos para oír un cedé de Reik ("¡Son súper buenos!" me decía ella: omití comentarios, obviamente), se los pasé y siguió el día. Son unos Panasonic, los compré hace algo más de un mes: rico bajo, cómodos, ajustables, baratos; en resumen, bien funcionales.
Al cabo de un rato, no aparecía, y se supone que ya llegaba la hora de que marchara a la histórica ciudad y yo, urgidísimo porque creí que perdería uno de mis tesoros, de mis necesidades diarias: mis audífonos Panasonic. Muy insignificantes pueden parecer, pero yo sin ellos no podría haber escuchado música de manera personal durante un largo tiempo. Para mí al menos no es exageración, es verdad, tengo unos 2 ó 3 pares más de audífonos, pero éstos son nuevos, tienen un sonido único y ya casi un cierto cariño les tengo: son compañeros de cada día en recreos, almuerzos, clases fomes, viajes en micro y ocasiones por el estilo.
A tal punto llega un melómano como yo, a estar casi desesperado por quedarse sin un simple y mortal par de audífonos, no tanto por el sentido de pertenencia, sino por quedarme sin ese "compañero" de cada día.
Sea mito o realidad, el reto de mi madre y las advertencias de muchos por usar los audífonos a alto volumen con la posterior disminución de la audición se contradicen con mi propia experiencia: aclaro que no sé si es debido al alto volumen o al tanto escuchar música, pero mi oído se ha agudizado con cada tema: noto de inmediato cuando falta algún arreglo, cuando es estéreo o monaural, cuando es una versión en vivo o no, cuando es un cóver o la original; es decir, para mí son más virtudes que defectos las que me ha traído el usar tal aparatito.
Me han tildado de antisocial y están en lo cierto, es que uno se cierra...

(perdón, en este intertanto me paré a saltar y gritar a todo pulmón Chop Suey! de System of A Down: están pasando el especial "Los 100 Videos Más MTV", chéquenlo, Lunes a Viernes a las 8 en MTV, está buenísimo)

... como decía, uno se cierra en una propia atmósfera, un propio mundo único, inigualable e irrepetible, en el que cada canción suscita en cada persona un sentimiento diferente ("cuando nadie me ve... puedo ser o no ser..." - Alejandro Sanz, Cuando Nadie Me Ve pasando por el programa, una nueva interrupción, excusen) que es incomprendido (ahora Buddy Holly de Weezer, vaya temazo. No interrumpo más)...

...No change, I can change, I can change, I can change but I'm here in my mould, I am here in my mould... (The Verve, Bitter Sweet Symphony)

(Ya terminó el programa, ahora puedo seguir sin miedo a nuevas piezas que interrumpan mi ensayo)

Prosigo:

El mundo, la atmósfera que se crea, en la que se encierra cada persona por una canción es, a la vez, incomprendida por el resto debido a su misma condición de unicidad; o sea, es compatible y corresponde sólo a uno, es inexplicable, suscita recuerdos, emociones, sentimientos, experiencias: una serie de imágenes de repente se vienen a la cabeza constituyendo, de algún modo, un propio video clip para la canción.
Los inicios de mi melomanía se remontan a 2002 de manera más personal, pues desde pequeño llevo la influencia de mi padre, principalmente: Soda Stereo, Inti-Illimani, Rolando Alarcón, Quilapayún, KC and the Sunshine Band, The Police, Queen... así de variado y así de magistral. Como decía, en 2002 la incipiente FM Hit, en los tiempos del Huevo Fuenzalida, Carola Bezamat y el Circo Hit, alimentaban mis primeras cintas personalizadas, al ritmo de lo que iba de moda y que se adecuara a mi oído: SOAD, Papa Roach, Javiera Parra, P.O.D., etc. Lo cierto es que el camino hacia mi presente musical inició con mi ingreso a la Internet. Kazaa, mi primer programa P2P me daba la opción de acceder gratuitamente a la música que quisiera, aunque algo restringido porque me conectaba por teléfono. Bueno, luego con banda ancha ya ostento mi musiteca de algo así como 700 temas, más algunos álbumes grabados y también mis propios cedés adquiridos juntando peso a peso: Placebo (atracción inexplicable), Difuntos Correa (un regalo de mi hermano, gran banda), Coldplay (X&Y, lo adquirí a 3 días del lanzamiento), entre otros. Además he hecho varios discos debido a no poder contar con los originales, y no por falta de dinero, sino que por no tener de dónde conseguirlos.
Y no me tilden de antisocial, ¿eh?, porque la misma música me ha hecho entablar un par de amistades que van más allá de lo netamente musical: Luis Aravena, un amigo tremendo, un sabio, un vividor, una fuente de desahogo, gran oyente (lector); y Paula Olguín, una tímida quilpueína de ojos de mar poseída por la nostalgia de los 70s, amante de The Strokes y de Coldplay por sobre todo; fan de Warhol, Velvet Underground y el pop-art, y que ha influenciado también mis propios gustos, aunque saben ustedes, que, ante todo, soy un brit.

viernes, agosto 04, 2006

Entre Sábato y Cerati

El lunes terminaba de leer, con cierta facilidad, "El Túnel" del argentino Ernesto Sábato. Realmente no sabía si la prueba sería el martes, pero incluso si no, decidí terminar ese día, llegar hastar el "meollo del asunto" porque el libro me atrapó. Lo terminé, y me encantó, pero no lo entendí. ¿De dónde deducía el protagonista el engaño de su amada? ¿Por qué exigía fidelidad si no tenía un compromiso serio? Hasta ese punto me parecía, a primera vista, que el tipo era un psicópata, un loco para llegar a matarla por ese supuesto engaño.
Entramos a clases el martes, comenzando con un trabajo desastroso que improvisamos en el camino: para mí no estuvo tan mal, lástima que yo no sea el profesor. El resto del día transcurrió como si fuera cualquiera: mismo ambiente, misma apatía, no mucho que contar. Igual en lo general, en lo particular para mí, no. Era una semana y unos días desde esa noche de "Ocaso" y esperaba cierta reacción a lo hablado esa noche, al mensaje que le había dejado; todo esto con cierta tranquilidad, pues no creía haber hecho mal las cosas esa vez para una mala respuesta. A la salida de ese día un mezquino "tengo que hablar contigo" me comenzaba a inquietar. Daba la impresión de que algo sucedía, porque esa cara, ese desplante frío había surgido en ella, y era un indicio malísimo: ella misma me dijo que no podría actuar nunca así, pero lo logró, y por eso más adelante se llevó su merecida congratulación.

Me había dado con Cerati. En poco tiempo más vuelve a Chile y en las radios circula su más reciente single "La Excepción", un buen tema, harta guitarra afilada, con una lírica sobre un amor algo clandestino. En tanto, en radios y canales de TV su video "Crimen" me hacía sumergirme en esos dorados años 50 de galantería, mujeres fumando con boquilla y detectives privados a la usanza de las series y películas gringas, un ambiente medio Frank Sinatra... qué genial debe haber sido vivir esa época. Pero más allá de lo estrictamente visual, "Crimen" es un temazo, una especie de fruto prohibido, el que si tocas pagas. Qué ironía, como si hablara de mi historia.

Llegó el miércoles. A la hora de colación se supone ella confirmaría todos mis temores o abriría un camino hacia su persona, aunque esta segunda opción era una quimera, realmente. Un trabajo de ella postergó la espera hasta la salida, y era lo que me temía, pero no en tal grado. Nunca pensé que pudiera actuar (sí, literalmente actuar, porque la chica que me cerró completamente la puerta ese día no es con la que yo he tratado por 7 meses casi) de tal manera, con tal altanería, crueldad o frialdad. Y unos momentos más tarde, cuando caminaba hacia la salida, pensé "qué genio este Sábato": al fin había comprendido el libro. Yo era Juan Pablo Castel, y el tipo no era un loco. Tal vez era una obsesionado (como ella lo dijo fríamente), o tenía una "excesiva convicción", como yo lo creo. Al fin pude comprender por qué Castel le gritó "¡Puta, puta, puta!" (lo mismo yo, aunque no lo haría porque ante esa ternura sucumbiría en el intento), o por qué quería matarla (lo mismo yo, guardando las proporciones: matarla, aniquilarla, borrarla de mi mente), o por qué se sentía engañado: era así como me sentía yo. Nunca me cerró la puerta definitivamente y cuando se decidió a hacerlo, lo hizo justo como ella me aseguró que no podría hacerlo. Mi historia se resumía en la frase más sublime de la obra, la que le daba el título:

"...en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío..."

Y también el otro argento, el otro capo, Cerati, aparecía en la historia con su "Crimen"

"¿Qué otra cosa puedo hacer?,
sin olvido moriré..."

(...)

Gracias niñita. Me destrozaste y todo, pero al menos ahora tengo un libro y una canción que guardan mi historia.
Sábato y Cerati: qué par de capos...

martes, julio 25, 2006

Ocaso


La noche del sabádo fue de improviso. De hecho, yo planeaba un encuentro con ella, pero nunca imaginé que sería tan pronto, tan inesperado y en aquél lugar. En un par de horas la situación cambió en 180º: el día viernes me armé de valor, como no lo había hecho en toda la semana, tomé el teléfono y la llamé a la casa. Contesta la nana.

-"Buenas tardes, ¿se encuentra (...)?" saludo amablemente.
- "No, no está."
- "Mmm... ya, gracias."
y colgué.

Enrabiadísimo. Era mucha la mala suerte de que justo cuando me envalentono, no esté. Me fui al PC un rato más y luego me decido y la llamo al móvil... y no contestó. Y ahí ya me resignaba a no verla hasta volver al colegio, o esperar a pillarla en MSN, a ver si conseguía esa conversación que me había sido tan esquiva.
El teléfono sonó otra vez. Fui a contestar y una voz de secretaria pregunta por mi madre. Luego me explica que era la madre de la chica, y que necesitaba hablar con la mía para coordinar un asunto al día siguiente. Al llegar mi madre a casa, en plena once, le doy el recado, y comenta sobre un asado en la casa de de la señora, que congrega a ciertos apoderados del Liceo.

Así que iría a su casa... un panorama inimaginable hace incluso algunos días. Pero la vería, y eso era lo primordial.
Con una sonrisa de oreja a oreja, aunque también con cierta incertidumbre me fui a dormir, contando las horas para partir a su morada, verla al fin y conseguir respuestas a tantas inquietudes que se me cruzaban por la cabeza.
Llegó el día, tarde-noche y partimos algo tarde, con unas ensaladas a cuestas. Unas vueltas por pasajes recónditos intentando ubicar la casa hasta que dimos con el indicado y ya veía a quien me daba la bienvenida, aunque creo que él no me vio: su novio, el tipo que miraba de reojo como si no le interesara que su chica pase más tiempo conmigo que con él, pero que parece haberse dado cuenta de que su relación peligraba si yo continuaba de esa manera.
El grupo ya constituido nos dio la bienvenida. Besos y apretones de manos a los concurrentes, según correspondiera, e ingresamos a la casa a saludar a los anfitriones. Ahí estaba ella, hermosa como siempre y como nunca a la vez, con un simple sweater gris algo escotado, un jeans y unos zapatos rojos de señorita. Su pelo suelto, que en parte le cubría la frente, tal como a mí más me gusta: da la imagen de una mujer, despojándose de sus 15 años.
Un beso en la mejilla, a 1 cm. de la comisura de sus labios, algo flojo el comienzo de la noche, pero luego, desprendidos del nerviosismo nos acercamos como debía: se sentó en un sillón y junto a ella, uno vacío. "Ven a sentarte, que no muerdo" me invitaba. "Lo tengo más que claro" repliqué.
Charlamos un rato sobre lo más cotidiano y luego su hermano me pidió que subiera a ayudarle con un juego. Ella me acompañó, ayudé a su hermano y luego la chica me enseñó su habitación. Delicado verde limón, un closet, buen equipo de sonido, entre otras cosas: lo justo y necesario. Nos sentamos en su cama y de a poco interiorizábamos, pero aún sin ir donde a mí me interesaba. Al corto tiempo llegó su madre, mujer severa según la niña cuenta, pero que a mí me pareció muy encantadora. Nos ofreció de comer, y bajamos a buscar los platos servidos para luego subir a su pieza nuevamente. Conversamos amenamente, muy distendidos, mientras comíamos. Me enseñó su móvil, y comencé a jugar con él. Agregué una letra a la frase que tenía puesta en la pantalla principal de modo que se podía leer como la situación me gustaría a mí en vez de como es realmente. Le tomé foto, la puse de papel tapiz: era un adorno sublime.
Decidí ir al grano. Se complicó y luego soltó en resumen la respuesta que yo requería: algo así como que no quiere que yo sufra y que no quiere volver a confundirse; al fin y al cabo, lo mismo que había sucedido hace un par de meses. Y digo "volver a confundirse", porque, como ella confesó, estuvo a punto de sucumbir a mi acoso, para luego salir del paso y afianzarse en lo suyo. Si ya ocurrió una vez, estoy casi seguro de que puedo hacerlo de nuevo, tal como se lo indiqué más tarde en el mismo mensaje que detallo a continuación.
La conversación se desvió y recibí una gran noticia: había aceptado, al fin, ir conmigo a mi fiesta de graduación. Una de las noches más importantes de mi vida sería junto a ella, tal como lo quería y se lo expresé en ese mensaje que dejé en su celular, que ojalá no haya borrado, porque es legado de lo mío hacia ella.
Muchas interrupciones hubo esa noche: cuando su hermano me llamaba a jugar PlayStation con él, pero la más cómica y que, a la vez, me hizo especular más, eran los constantes llamados de control que hacía el novio sobre su chica al saber que estaba conmigo. Fue así como en una interrupción ella adujo bajar a ver a su perra que había escapado, decidí esperarla en su pieza, y al tardar tanto fui a matar el tiempo jugando con su hermano menor, cuando por la ventana los divisé juntos de la mano y esa imagen me dio un golpe seco, tal como el viernes de una semana atrás a esa noche: era el ocaso en una noche casi perfecta.
Ensimismado y sumido en mi padecimiento seguí jugando, esperando paciente a que ella subiera. Cuando se asomó a la puerta no quise mirarla, pero luego al hacerlo di cuenta de que ella sabía que yo había notado el por qué de ausencia. Venía agitada, y acaso con un dejo de tristeza en el rostro. ¿Acaso se sentiría como yo?
Al rato concluyó la noche. Quise amagar una despedida fría, denotando mi pesar y molestia por su ausencia, pero es ella, y la frialdad simplemente no me surge cuando está a mi lado. Un beso de despedida más bien tibio, una frase suplicante en su oído ("No sabes cuánto me haces sufrir", que al otro día modifiqué por "No sabes cuánto sufro por ti"), luego otro beso a la salida de su casa y su credencial de hockey con su foto de 10 años en mi mano, enseñándosela como trofeo de batalla. Con las manos vacías no me iba a marchar.

lunes, julio 17, 2006

Vueltas y más vueltas


Cristian nos decía: "Siento que hicimos más". Así se sentía él, y nosotros también el año pasado, cuando no sé cómo nos ganaron. Sólo que ahora él estaba en el otro bando, pese a compartir generación con nosotros el año pasado.
La noche comenzó con incertidumbre: miraba desesperado, esperanzado y acaso angustiado alrededor pero no hallaba su figura de baja estatura, ni su pelo largo, ni su bonito rostro: no había señales de ella. Me topé con la chica de mi ensayo anterior, la misma del trasero apoteósico. Lucía divina, como siempre. Bien destapadita, con su fina silueta pronunciada como nunca. La tomé de la cintura, un beso en la mejilla, de ahí una larga charla y no la volví a ver, hasta el gélido adiós al final de la noche. Al salir de ese encuentro luego fue otro con un fugaz amorío de hace un par de años. Otro tibio beso, ya que andaba con su "pololo": un flaite cualquiera, como los hay muchos. "Caíste bajo, (...)" pensé. *(Nota del autor: Para evitarme más tratos con tipos con los que no me interesa tratar, omitiré este nombre)
Dándome vueltas encontré a Luis con su "marca personal". "Sácatela" le dije un rato después, porque a mí en realidad me incomodaba que un flaco raquítico que hace 3 años era un pastel hazmerreír, ahora, por estar en la putita Escuela Naval anduviera mandoneando a Raimundo y todo mundo, y botándose a choro y/o flaite. Además que su amigo también era bastante pastel.
La llamé, y daba tono de ocupado. Le envié un mensaje, al que respondía con un ring. Ahí hasta que me resigné, y la dejé en paz por esa noche. Con la mente aún en otro lado comencé a dar vueltas, oteando a ver cómo se avisoraba el panorama. Reinaba el nerviosismo. En nosotros y ellos, disimulado. Y cuando llegó el momento del baile final, y dimos rienda suelta, entre leseo y en serio a los enardecidos cánticos de "¡Rojos culiaos, rojos culiaos!" o "Eso de ser campeones (...) y por eso te digo: ¡Rojo conchetumadre!" me sentí en la terapia ideal, saltando, gritando hasta más no poder, pegándole al flaco raquítico, empujando, gritando a las chicas que exhibían sus abultados abdómenes con algunos kilos de más (a excepción de nuestra reina), sudando para quedar lo mejor lo posible con su alianza.
En el intermedio ése salí a tomar el aire de aquella fría noche, a dar más vueltas; me tomé una Pepsi y comencé a acordarme y pensar sobre un par de promesas que podía cobrar a modo de revancha por mi mal comienzo de noche. Me topé con una de ellas, me dijo que la esperara, que iba "a tomar agua", y luego no la vi más. Me cansé, fui donde Mariela a pedirle un cigarro y partimos a fumarnos el último que restaba en la cajetilla naranja de Pall Mall. Charlamos un buen rato, sobre la vida, de su relación con el enfermo, sobre su inseguridad y sus planes. Entonces, la voz del animador amateur indicaba dentro del salón, a lo lejos, que llegaba la entrega de los puntajes finales y la coronación de la Reina. Era el momento final: la gloria o la humillación.
Con Mariela aferrada de mi mano nos abrimos paso a la posición de los de Cuarto y sus simpatizantes a esperar el desenlace.
Andrés, con su camisa sobria a rayas, le puso talento. Con una voz de locutor que sacó de no sé dónde, daba los resultados. Cuando llegó al momento del primer lugar, bajé la vista, nervioso. Entonces, al escuchar el bendito "Alianza Azul" que nos daba como ganadores, se generó un auténtico terremoto: saltos, empujones, gritos sin precedentes y luego la caravana, el trencito y el carnaval en el patio. Qué rico se sentía abrazarse, felicitarse, saltar, gritar y cantar hasta quedar sin aire, frente a los perdedores: estar en ese minúsculo y efímero Olimpo aunque fuese por diez minutos. En un ambiente ya más distendido, las anécdotas y conversaciones sobre la victoria se dispersaron, en tanto que la fiesta continuaba adentro, para aquellos ajenos a la alegría o decepción (como Jorge Ariel, un loser de tomo y lomo algunos años atrás en mi población, y que ahora, con un look emo andaba con una lindísima y p... chica de segundo) o simplemente para quienes a los que les resultaba indiferente.
Seguí dando vueltas, crucé una mirada y una sonrisa con la profesora de Filosofía, entre luces que iban y venían. Conversé con su amiga, que me contaba sobre sus penurias e infortunios de niña ilusionada con un tipo que sale con una chica en cada fiesta y con facha de gay. Me tomé ahora una Crush. Busqué la otra promesa que me quedaba, pero me di cuenta que ya era inconsumable. La noche se apagaba para mí: irónico, pues en ese mismo momento se encendían las luces del salón, indicando el fin del perreo y los besuqueos típicos de la ocasión.
Fue una noche de vueltas. Claro, deambulé por todos lados. Pero la de vueltas que dieron las emociones esa noche, ni les cuento.

martes, julio 11, 2006

(No) Siempre tienes tiempo

La conocí hace 4 años. Las reuniones del naciente Centro de Alumnos de básica nos congregaban cada viernes, así también como con otra chica con la que retomé lazos el año pasado, pero eso es otra historia. Tengo su imagen de su cuerpo de naciente mujer, en calzas y polera sosteniendo un ula-ula, deteniéndome en el pasillo cuando nos topábamos en el cambio de jornada para estamparme un beso en la mejilla. Cómo quisiera que eso aún fuera así.
Siempre he sentido hacia ella una cosa especial, un "qué se yo". No podría decir que me gusta: pese a que nos conocemos hace un buen tiempo; las conversaciones de verdad las podría contar con los dedos, y no serían mas de 6 ó 7. Piel tostada, un buen par de muslos y un trasero apoteósico, además de algunas pecas que aliñan su rostro: un cuerpo de ensueño. Según yo, es el prototipo ideal de cualquier hombre, opinión en el plano netamente físico; me guardo comentarios más finos en relación a su personalidad debido a lo que detallé algo más arriba.
"Siempre tengo tiempo para mis amigos" me dijo una vez la pantalla de mi móvil, con el remitente de su número. "Será pues" pensé. Tal vez esas seis palabras acentúan, en este momento, los ridículos celos que siento cada vez que la veo con otro tipo. He sido pañuelo de lágrimas, en ciertas ocasiones consejero, y el tiempo me ha dado la razón. Denigrada, angustiada, decepcionada de algún "amigo" o algún tipo mayor que con el tiempo se volvió drogadicto o delincuente, y que pese a que yo, y no sólo yo, le dijimos por dónde iba la mano, ella hacía caso omiso y luego quedaba convertida en una niñita desilusionada de un amor infantil. Cruzaba el patio, la detenía al ver sus ojos rojos e hinchados para preguntarle sobre la causa de su llanto, se limitaba a un "nada" y se marchaba a apaciguar su mar de lágrimas al baño. Un rato después aparecía riendo, como si nada, para unos días después preguntarle por qué lloraba, recibiendo ahora como respuesta un "da lo mismo". Y en esos momentos me cuestiono sobre la amistad y sobre la frase escrita a letras dispersas en un celular. "¿Amigo?" "¿Siempre tiempo?". Lo llego a dudar.
Una vez le pregunté, por curiosidad, si yo le había gustado en alguna ocasión. Según ella, fue cuando ella cursaba séptimo, misma época en que un compañero que la veía a menudo me informaba que le preguntaba por mí, así como el mismo tiempo en que la profesora de inglés me lanzaba indirectas sobre saludos que me llegaban de básica. En ese entonces mis sentidos al servicio de lo sentimental no despertaban plenamente, cosa que aconteció sólo el año pasado. De haberse presentado tal situación hace un año, aún sería mi novia.
Si ella llega a leer esto, le digo que lea ese correo que envié sólo a ella y que no ha visto aún por solo desinterés. Que se ría, y luego lo tome en serio. Pero al momento, contando una vez más con los dedos las conversaciones reales que hemos sostenido, sólo puedo remitirme a su cuerpo, aunque no lo quiera, y manifestar el deseo mío y que debe ser de muchos, de rozar sus labios tan sólo una vez. Ella es preciosa, aunque quiera negarlo por falsa modestia, tiene un cuerpo de Venus de Milo que hace caer a cualquiera, con mayor razón a mí, ustedes saben por qué.